
Por quinto año consecutivo, la investigadora de la USR Cataluña Central del IDIAPJGol y del Instituto Catalán de la Salud (ICS), Mireia Gascon, aparece en la exclusiva lista de Clarivate Analytics, que incluye al 1 % de los autores más citados entre las publicaciones incluidas en la base de datos Web of Science. Este año, Gascon también aparece en la lista de investigadores más citados de Scilit, una base de datos agregada gestionada por la editorial MDPI, que recopila información de PubMed, Crossref y DataCite.
La investigadora del IDIAPJGol, de 42 años, es bióloga, especializada en epidemiología ambiental. Tras graduarse, cursó un máster en Toxicología y Salud Ambiental en la Universidad de Utrecht, donde tuvo la oportunidad de participar en un estudio en Costa Rica sobre el impacto de la actividad de la industria azucarera en la salud de los trabajadores. De vuelta en Cataluña, se doctoró en el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), actualmente Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), con una tesis sobre contaminantes químicos y salud inmunitaria y respiratoria en niños. Como investigadora posdoctoral, Gascon continuó en ISGlobal con esta línea de investigación, centrada en el impacto de la contaminación del aire en la salud de las personas. Obtuvo una ayuda Miguel Servet para estudiar la microbiota intestinal en la asociación entre la exposición ambiental y el neurodesarrollo infantil.
Actualmente, forma parte del grupo de investigación de Promoción de la Salud en el Ámbito Rural (PROSAARU) del IDIAPJGol, donde ha iniciado una nueva línea de investigación en salud planetaria, con el objetivo de aplicar “los resultados en la actividad asistencial y en la formación de los profesionales de atención primaria, porque, al igual que las olas de gripe ponen en tensión a los sistemas sanitarios, cada vez lo hacen más también las olas de calor, por ejemplo”. En este sentido, Gascon considera que, en el actual contexto de crisis climática, “los profesionales deben incorporar la salud planetaria a su trabajo”.
Enhorabuena, un año más, por ser una de las investigadoras más citadas del mundo. ¿Qué significa para ti este reconocimiento?
El mundo de la investigación es muy complicado y hacerse un lugar para sobrevivir cuesta, así que este tipo de reconocimientos gusta, no solo porque tiene un impacto en el currículum, sino porque demuestra que la investigación que hago tiene interés. Lo más importante para mí es que los resultados de mi trabajo tengan impacto. Por otro lado, también es un reflejo de que he escogido un tema que interesa.
Tu investigación se centra en la epidemiología ambiental, en la relación entre el entorno y la salud de las personas. ¿Qué te llevó a interesarte por este ámbito?
Mi padre me recomendó el libro de Rachel Carson, Primavera silenciosa, y enseguida me apasionó este tema. Quise hacer mi trabajo de investigación de bachillerato sobre el impacto de la riera de Rubí, de donde soy, que entonces bajaba muy contaminada, en la salud reproductiva de los hombres, aunque en el instituto me dijeron que no era posible y acabé haciendo un trabajo sobre el paralelismo entre las historias de los cómics de Tintín y hechos históricos. Estudié biología porque no sabía muy bien qué hacer y, haciendo el Erasmus en los Países Bajos, descubrí la epidemiología ambiental, un ámbito de investigación que no he abandonado.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Mi investigación siempre ha estado muy basada en cohortes de nacimiento y hasta ahora había estudiado más los impactos de la contaminación del aire y de los espacios verdes —lo que se denomina el urbanoma—, específicamente en el neurodesarrollo de los niños, en el entorno urbano. Esta es una línea de investigación que estoy terminando. Dentro de este ámbito, me interesé por saber cómo estas exposiciones pueden afectar a la microbiota de los niños, incluyendo la resistencia a los antibióticos.
Ahora hemos empezado un nuevo proyecto, que se llama RESISTANCE, que es una nueva cohorte de nacimiento en la zona de Osona para entender los impactos ambientales que tienen lugar allí. En este ámbito se ha realizado mucha investigación en las zonas urbanas, pero en las áreas rurales no se ha estudiado tanto. Con este proyecto queremos saber si la ganadería intensiva puede tener un impacto en la presencia de genes de resistencia a los antibióticos en mujeres embarazadas y sus bebés, con la hipótesis de que la actividad ganadera, con sus emisiones, puede estar contribuyendo a la presencia de genes de resistencia en muestras de aire. No tenemos en cuenta otras muestras, de agua o suelo, por limitaciones presupuestarias.
¿Qué resultados estáis obteniendo en este proyecto?
Como acabamos de empezar, todavía no tenemos resultados, aunque hemos realizado una prueba piloto para probar los dispositivos que queremos utilizar y hemos detectado genes de resistencia en el aire, que confirman lo que se ha encontrado en estudios previos realizados en otros lugares.
De manera general, ¿en qué situación nos encontramos en Cataluña respecto al impacto de los antibióticos que se utilizan en la ganadería en la salud de las personas?
En Europa estas prácticas están muy reguladas y se ha restringido mucho el uso de antibióticos en la ganadería. El problema puede venir cuando se concentran muchos animales en una zona. Otra cuestión es qué ocurre con la carne que viene de fuera de la Unión Europea, de China u otros países que no tienen las restricciones que tenemos aquí, y que, por ingestión, pueden transmitir resistencias a los antibióticos. Cuando decidimos qué carne u otros productos alimentarios importamos deberíamos tener en cuenta estos factores.
¿En qué situación nos encontramos respecto a la contaminación? ¿Estamos mejor ahora que hace unos años?
En el Área Metropolitana de Barcelona, la calidad del aire ha mejorado en términos globales. El tráfico rodado sigue siendo el factor más importante y representa alrededor del 50 % de la contaminación del aire. Con un porcentaje menor, también son importantes la actividad de la aviación y la náutica. En Osona, además del tráfico rodado, la actividad ganadera tiene un impacto en la contaminación y también contribuye la quema de combustible para calentar las casas, la quema de pellets y de leña. Según la zona, hay que hacer hincapié en una fuente de contaminación u otra.
En el caso de los niños, ¿están ahora más protegidos? ¿Vamos a mejor?
No creo que vayamos hacia atrás. Cada vez tenemos más capacidad para detectar determinados contaminantes que antes no se analizaban. Por ejemplo, los compuestos orgánicos persistentes, como el DDT, que era un pesticida que hace unos años se utilizaba mucho, se prohibieron al comprobarse que tenían un impacto en la salud de las personas y que se bioacumulaban. Durante los últimos años han aparecido nuevos compuestos, contaminantes emergentes, que se han ido incorporando a la industria, como los BPA y los ftalatos, algunos de los cuales todavía no sabemos exactamente qué impacto tendrán en la salud. De todos modos, hay más conciencia y más capacidad de reacción ante nuevos contaminantes; cada vez se estudian más y somos capaces de proteger antes.
¿Cómo nos afecta la contaminación en nuestra salud, específicamente en niños y mujeres embarazadas?
La contaminación del aire, por ejemplo, tiene un impacto en muchos sentidos. Está asociada con problemas de neurodesarrollo de los niños y con el riesgo de padecer cáncer de pulmón en personas no fumadoras, e incrementa el riesgo de ictus, diabetes o, incluso, demencia. Hemos visto que las partículas ultrafinas tienen la capacidad de llegar al cerebro a través del torrente sanguíneo y esto tiene un impacto en el neurodesarrollo de los niños y también en el riesgo de demencia en personas adultas. Los compuestos orgánicos persistentes y otros químicos no persistentes son disruptores endocrinos y tienen un impacto a nivel hormonal, lo que se relaciona con algunos cánceres y con problemas reproductivos y de desarrollo de los niños.
Cada vez es más difícil hacer investigación sin la colaboración con otros equipos. ¿Cuáles son tus redes de colaboración en tus proyectos de investigación?
Sin colaboración no se puede hacer investigación. Es esencial. La investigación es como un enjambre de abejas, en el que cada parte hace diferentes contribuciones. La mirada de un profesional complementa la que tienes tú. Por ejemplo, yo soy epidemióloga ambiental, pero el proyecto sobre contaminación del aire y neurodesarrollo de los niños lo he realizado con un equipo de psicólogos del Hospital Sant Joan de Déu. Tenemos colaboraciones nacionales e internacionales. Trabajamos con investigadores nacionales y europeos que tienen mucha experiencia en caracterización de la exposición ambiental.
El proyecto RESISTANCE es posible gracias a la colaboración con el Consorcio Hospitalario de Vic y el IRIS-CC, que tienen experiencia en microbiología; con el IRTA, que nos ayuda con las mediciones ambientales y la detección de genes de resistencia a los antibióticos; y con el ISGlobal, que aporta sistemas de información geográfica que nos permiten geolocalizar a las personas participantes y las granjas y vincular los resultados. Sin todos estos conocimientos diversos es imposible hacer la investigación que yo hago.