
La prescripción social está cada vez más presente en las consultas de atención primaria y el número de estudios que avalan su eficacia para mejorar la salud de las personas va en aumento. Uno de los referentes en Cataluña de esta práctica es Juan Manuel Mendive, médico especialista en medicina familiar y comunitaria del CAP La Mina, del ICS, e investigador del IDIAPJGol. Desde la investigación, aborda diferentes vertientes de la prescripción social. Actualmente, es investigador principal de los proyectos europeos SP-EU (Social Prescribing to promote and improve access to health and care services for people in vulnerable situations in Europe), orientado a la evaluación de la prescripción social en colectivos vulnerables, y SPACE (Social Prescribing And Civic Engagement), centrado en los beneficios de las actividades en huertos urbanos para personas que han sufrido un cáncer.
Más de 30 instituciones europeas
En relación con SP-EU, a principios de julio de 2026 se celebró en la sede del IDIAPJGol una reunión con el equipo que coordina el proyecto a escala europea, del Hospital Universitario Charité de Berlín, en la que se habló sobre la realización del proyecto en Cataluña. Se llevarán a cabo grupos de discusión, encuestas y un ensayo clínico, que comenzará el próximo mes de septiembre y se prolongará hasta la primavera de 2027. SP-EU es una iniciativa ambiciosa en la que participan más de 30 instituciones europeas y que contará con la participación de más de 2.000 personas de diez países.
Este proyecto quiere evaluar la eficacia de las intervenciones de prescripción social en tres colectivos vulnerables: personas mayores en situación de soledad no deseada (“está demostrado que la gente que experimenta soledad muere antes”, afirma Mendive), personas migrantes y personas que forman parte del colectivo LGTBIQ+, que “no suelen tenerse en cuenta en este tipo de estudios, lo que aporta mucha relevancia al proyecto”.
Mendive destaca el reto que supone realizar un ensayo clínico que permita evaluar de forma rigurosa la eficacia de la prescripción social. En Cataluña, participarán entre 180 y 200 personas atendidas en una decena de centros con experiencia en investigación. La mitad de los pacientes participantes formarán parte del grupo control, al que se le dará información genérica sobre actividades físicas y deportivas, sociales o culturales que se llevan a cabo en su lugar de residencia, mientras que la otra mitad estará en el grupo de intervención, al que se ofrecerá información más personalizada sobre las actividades comunitarias que tiene a su disposición. “Mediremos los resultados a los seis y a los doce meses, mediante cuestionarios validados, y compararemos la utilización de los servicios sanitarios y sociales en ambos grupos”, explica el doctor.
Por otra parte, el proyecto SPACE quiere estudiar cómo la realización de actividades en huertos urbanos comunitarios puede ayudar a personas en proceso de rehabilitación después de un cáncer. En este proyecto participan más de 500 profesionales de la salud de Malta, Grecia, Irlanda, Reino Unido y España, y cuenta con la participación de la Organización Mundial de Médicos de Familia (WONCA). Mendive pone de relieve que las personas con cáncer son especialmente vulnerables, porque “tienen mucho riesgo de quedar aisladas socialmente”, y la realización de actividades comunitarias al aire libre, como las que se llevan a cabo en huertos urbanos, puede resultar muy positiva para su proceso de recuperación.
Mendive destaca el papel que ha tenido el IDIAPJGol en la revisión bibliográfica del estudio, que ha permitido elaborar un informe sobre el estado actual de la prescripción social, que es “un documento de referencia sobre la prescripción social, especialmente en el ámbito oncológico”.
Falta de tiempo y de recursos
El investigador del IDIAPJGol destaca la relevancia que tiene la prescripción social en Cataluña. “Si nos comparamos con otros países, somos líderes: tenemos un mapeo de recursos y nuestros profesionales conocen los activos de salud del territorio, algo que no ocurre en otros países”. Mendive también afirma que muchos profesionales registran las actividades sociales en la historia clínica y pasan cuestionarios a los pacientes para evaluar los resultados.
Sin embargo, el investigador reconoce que el principal freno para potenciar la prescripción social en las consultas de atención primaria es la falta de tiempo y de recursos. “Los profesionales muchas veces están desbordados de trabajo, y esto dificulta su implantación”, declara, y reconoce que “la mejora de la coordinación con el ámbito social podría reforzar esta herramienta de salud comunitaria”.
En este sentido, Mendive destaca el modelo que se aplica en Inglaterra, en el que la prescripción social está integrada en la red de atención social. Este ejemplo, afirma, tiene aspectos positivos, porque libera de carga a los profesionales sanitarios, pero también negativos, porque aleja la prescripción social de la actividad asistencial.
Beneficios también para los profesionales
En cualquier caso, Mendive está convencido de que la prescripción social aporta beneficios no solo a los pacientes, sino también a los profesionales, porque puede evitar la saturación de las consultas de pacientes que vuelven una y otra vez porque los fármacos que se les han recetado no son efectivos. “Si ayudamos a las personas a vincular sus necesidades de salud con otros dispositivos, contribuiremos también a disminuir la sobrecarga asistencial”, afirma.
El experto en prescripción social explica que los profesionales están cada vez más concienciados sobre los beneficios que comporta esta práctica. “Durante los últimos años se está produciendo un cambio de mentalidad en la manera de atender a los pacientes. Hay una visión más holística, que va más allá de ofrecer una atención medicalizada a las necesidades de salud”. Mendive destaca el papel que tienen las enfermeras, que en muchos casos son las profesionales que coordinan la atención comunitaria, aunque considera clave la coordinación entre médicos, enfermeras y el resto de profesionales de la salud, que tienen roles complementarios.
Desigualdades
Una cuestión que preocupa a Mendive es la desigualdad territorial. No en todas partes existen los mismos recursos comunitarios, reconoce, ni tampoco se identifican de la misma manera: hay zonas que tienen un mapa muy completo de las actividades comunitarias que se llevan a cabo y otras que no. “Lo óptimo sería que todo estuviera mapeado, que todo el mundo supiera qué se ofrece en su territorio”, afirma, pero añade que “si la comunidad sabe qué actividades comunitarias se realizan, tampoco importa demasiado que el profesional las conozca”.
“Toda la vida la gente ha salido a caminar, ha hecho comunidad, se ha reunido en el centro cívico… Cuando las personas pierden su red social, están solas y no realizan actividad y el sistema de salud empieza a recomendar este tipo de actividades para satisfacer estas necesidades, a eso le llamamos prescripción social”, reflexiona Mendive. De hecho, el médico de familia destaca que hay profesionales que critican este término, porque consideran que supone medicalizar una actividad social que va más allá de la práctica clínica.
La Mina camina
Mendive pone como ejemplo un caso que se llevó a cabo en el barrio de La Mina de Barcelona. El Dr. Alberto Ramos, que trabajó en el CAP La Mina hasta el año 2013, cuando falleció, “fue un visionario de la actividad comunitaria e impulsó una actividad que se llamó ‘La Mina camina’, en la que un domingo de cada mes un grupo de pacientes salía a caminar por el barrio acompañado por profesionales del CAP. Ya llevan más de cien sesiones y, hace tiempo, la gente nos dijo que no era necesario que los médicos y las enfermeras los acompañáramos. Hoy es la asociación de vecinos del barrio la que coordina y organiza esta actividad, que ya no se puede considerar de prescripción social, pero que sigue aportando valor y promoviendo la salud entre la población”.
El doctor del CAP La Mina también habla del caso de una mujer que llegó de otra comunidad autónoma y que acudió a su consulta porque se sentía muy mareada. Durante la visita, la paciente manifestó que se sentía muy sola y muy cansada, y se puso a llorar en la consulta. “Lo primero que te viene a la cabeza ante una situación como esta es recetar antidepresivos”. En lugar de eso, le recomendó que hiciera de voluntaria en la biblioteca del barrio, donde había un programa de alfabetización de mujeres migrantes, y los resultados fueron muy positivos. Mendive explicó el caso en un artículo del blog Som Salut Mental 360, del Parc Sanitari Sant Joan de Déu.
Casos como este hay muchos en todo el territorio. Mendive destaca que “afortunadamente, cada vez hay más implicación de la atención primaria en las actividades con la comunidad y se realiza más prescripción social. Cada vez se presentan más experiencias de éxito en jornadas que se organizan sobre salud comunitaria y en jornadas organizadas por la Agencia de Salud Pública de Cataluña sobre investigación y evaluación en prescripción social”.