
Jordi Blanch estudió matemáticas y acabó especializándose en bioestadística “por casualidad”, después de cursar un máster en matemáticas aplicadas. “Era una época en la que trabajaba en un grupo de investigación de la UPC y tenía más tiempo libre que ahora, así que decidí estudiar un máster en estadística para aprender más sobre la materia”, explica. Desde entonces ha convertido ese interés en su profesión, dentro del ámbito de la salud. Realizó el doctorado en el campo de la salud pública y le apasiona encontrar, entre datos aparentemente fríos, respuestas a los problemas de salud de las personas.
Tras trabajar durante tres años en el Hospital del Mar Research Institute, desde 2013 trabaja como bioestadístico y gestor de datos en la Unidad de Apoyo a la Investigación (USR) de Girona del IDIAPJGol, donde asesora en todas las fases del proceso de investigación, desde el planteamiento de un estudio y la elección del método estadístico más adecuado para analizar los datos hasta el análisis e interpretación de los resultados.
Aun así, reconoce que la mayor parte de las veces su trabajo se concentra al final del proceso de investigación, cuando el investigador principal de un proyecto ya ha recopilado los datos y necesita interpretarlos. “Si el proyecto es de la Unidad, sí participo más en el diseño del estudio o en la elaboración del protocolo. Pero cuando el proyecto es externo, muy a menudo intervengo cuando ya se han recogido todos los datos y llega el momento de analizarlos”.
Una herramienta al servicio de la investigación
Blanch entiende la bioestadística como una herramienta al servicio de la investigación. “La gracia de la bioestadística no consiste en aplicar métodos estadísticos porque sí, sino en que sirvan para responder preguntas de investigación”, afirma.
Para este profesional de la USR Girona, el papel de los bioestadísticos consiste muchas veces en hacer que la investigación mantenga los pies en el suelo. “Intentamos ser el nexo entre la idea que tienen los investigadores principales y las respuestas finales”, explica Blanch. Reconoce que uno de los aspectos más frustrantes de su trabajo es cuando los datos disponibles no son suficientes para responder a la pregunta de investigación, ya que “muy a menudo los investigadores nos piden más de lo que realmente permiten los datos que han recogido”.
Para evitar esta situación, Jordi Blanch recomienda que los investigadores busquen asesoramiento antes de iniciar sus estudios. “El trabajo de los bioestadísticos no se limita al análisis de datos. Podemos aportar valor en todas las fases del proceso de investigación, desde el diseño del estudio hasta su publicación, porque también es importante nuestra visión a la hora de redactar un artículo o un informe. Muchas veces tienes que decirles a los investigadores: ‘No, eso no lo puedes afirmar con los datos que tienes’”.
En cualquier caso, Blanch considera que los grupos de investigación valoran cada vez más la figura del bioestadístico. “Ahora estamos bien considerados y formamos parte del circuito de la investigación, algo que no siempre ha sido así”, afirma.
Farmacovigilancia en salud cardiovascular
Además de asesorar a los profesionales sanitarios de Girona que realizan investigación desde la USR, Jordi Blanch forma parte del grupo de investigación en salud vascular, centrado principalmente en proyectos relacionados con la farmacovigilancia.
Una de las principales líneas de investigación del grupo es la evaluación de los beneficios y los riesgos de las estatinas para optimizar su prescripción en función del riesgo cardiovascular. Otra se centra en el estudio de la relación entre el riesgo cardiovascular y la demencia. El grupo también está llevando a cabo proyectos para evaluar la eficacia de nuevos fármacos hipolipemiantes, sobre los que, según Blanch, “hay muy pocos estudios y todavía menos realizados con real world data”.
Entre los estudios del grupo en los que ha participado, Jordi Blanch destaca un trabajo publicado en 2018 en el British Medical Journal, que concluía que las estatinas no se asociaban a una reducción significativa de la enfermedad cardiovascular ni de la mortalidad en personas mayores de 75 años sin diabetes. “Ese artículo fue muy relevante y tuvo un gran impacto. De hecho, fue seleccionado como uno de los mejores publicados ese año”, recuerda.
El SIDIAP abre puertas
Una de las principales fuentes de información con las que trabaja Blanch es la base de datos del SIDIAP, que recoge la información clínica de prácticamente todas las personas atendidas en atención primaria en Cataluña.
“Desde 2013 he visto cómo el SIDIAP ha ido creciendo y ha pasado de ser una base de datos con muy poca información a una en la que ahora puedes encontrar prácticamente de todo”, explica. Además, añade que la posibilidad de trabajar con esta base de datos ha permitido que su grupo de investigación participe en proyectos a los que no habría podido optar sin esta herramienta. También reconoce que “nos ha abierto las puertas a realizar muchas colaboraciones, tanto nacionales como internacionales”.
Optimismo ante la IA
Se nota que Jordi Blanch disfruta con su trabajo. ¿La parte que más le gusta? “Encontrar sentido a los datos que tienes delante”, responde. También le gusta “probar cosas nuevas” y cuestionar la forma en que tradicionalmente se han abordado los problemas para buscar soluciones más eficientes.
Reconoce que la disciplina ha evolucionado enormemente. “Cuando hice el máster, hace doce años, nos enseñaban prácticamente lo mismo que se hacía en el siglo XIX. Sin embargo, en los últimos cinco o seis años, especialmente después de la pandemia de la COVID-19, la estadística ha cambiado mucho, sobre todo en aspectos relacionados con el machine learning, que es la base de la inteligencia artificial generativa. Hemos pasado de modelos muy deterministas a modelos que incorporan incertidumbre para intentar captar mejor toda la variabilidad que existe en nuestros datos”.
En relación con la inteligencia artificial, Blanch se muestra optimista. “Creo que es una herramienta que, si sabes utilizarla, resulta muy útil”, explica. El bioestadístico de la USR Girona destaca que herramientas como Claude y ChatGPT “te aportan ideas, cosas en las que no habías pensado”, aunque advierte de que “hay que tener claro que esas ideas que genera la IA proceden de información existente en otros lugares”.
También se muestra muy prudente con la información que se comparte con estas herramientas. “Nosotros trabajamos con inteligencia artificial a través de la web, y eso limita mucho lo que podemos compartir, porque muchas veces, cuando estamos escribiendo un artículo o realizando determinadas consultas, manejamos información sensible que no podemos subir a estas plataformas, al menos hasta que dispongamos de una solución de IA en local dentro de la Unidad, algo en lo que estamos trabajando poco a poco”.