María Pilar Astier: “Tenemos el reto de incorporar a la ciudadanía en los proyectos de investigación”

La nueva presidenta de la World Organization of Family Doctors (WONCA), y miembro del Comité Científico Externo del IDIAPJGol, reflexiona sobre los retos que afronta durante su mandato al frente de la organización internacional, su visión de la atención primaria y de la investigación en el primer nivel asistencial

  • 12 ENERO 2026

Desde el mes de septiembre de 2025, la médica de familia María Pilar Astier es la presidenta electa de la World Organization of Family Doctors (WONCA), la entidad internacional que representa la especialidad de medicina de familia y que actúa como interlocutora con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas (ONU) en lo referente a la atención primaria de salud.

Actualmente ejerce en el centro de salud Universitas de Zaragoza, del Servicio Aragonés de Salud, es profesora docente e investigadora en la Universidad de Zaragoza y tutora de médicos y médicas de familia en formación especializada y asesora en calidad asistencial y seguridad del paciente a nivel nacional e internacional. Su línea de investigación se orienta a la mejora de la seguridad del paciente en el sistema sanitario.

Astier conoce bien el IDIAPJGol, porque desde hace años forma parte de su Comité Científico Externo, desde el que ejerce de embajadora de la institución.

¿Qué ha significado para usted haber sido elegida presidenta de WONCA World?

Yo me lo he planteado como un reto colectivo. WONCA es una organización de organizaciones de médicos de familia, y mi candidatura ha sido presentada por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFyC), lo cual agradezco muchísimo, igual que al resto de personas que me votaron.

Durante estos últimos cuatro años he estado en el ejecutivo asumiendo diferentes funciones, como presidenta del Comité de Membresía y como enlace con la Organización Mundial de la Salud, y he sido la coordinadora del Grupo de Calidad y Seguridad del Paciente, así que conozco bien la organización. Ahora, el hecho de asumir el liderazgo es una oportunidad para poder impulsar proyectos que ayuden a transformar los sistemas sanitarios y reorientarlos hacia la atención primaria.

¿Qué retos se plantea en este mandato?

Durante estos próximos años tenemos que diseñar el nuevo plan estratégico de WONCA. El actual finaliza el año 2027, con lo cual a partir de 2026 ya tendremos que empezar a preparar el siguiente plan. Queremos hacer un mapeo de la situación de la medicina de familia en todo el mundo y conocer exactamente cuál es su situación y la de los profesionales, así como la definición de las competencias profesionales mínimas en aquellos países en los que no está reconocida la especialidad de medicina de familia.

En 2026 también van a haber cambios importantes en el ámbito de las organizaciones internacionales: los directores generales de la ONU y la OMS van a acabar sus mandatos y se tendrán que buscar personas de consenso mundial para dirigir ambas organizaciones. Necesitamos líderes que se comprometan con los sistemas sanitarios públicos, con la cobertura universal, con un modelo que no suponga un menoscabo económico para la gente y que garantice el acceso a los médicos y médicas de familia en servicios de atención primaria bien coordinados con salud pública y otros niveles asistenciales.

Otro reto importante es que en 2028 se va a celebrar el 50 aniversario de la Declaración de Alma-Ata y el décimo de la Declaración de Astaná, con lo cual el papel clave de la atención primaria va a volver a estar sobre la mesa. Creo que tendremos la oportunidad de incorporar la medicina de familia en la definición de la atención primaria como un rol clave en los equipos. Es una buena oportunidad, en un momento en el que cada vez más países la están reconociendo como especialidad.

Es la primera española que asume la presidencia de WONCA World. ¿Qué factores cree que han contribuido a este hecho?

El primero es que internamente hemos sido capaces de plantear una candidatura internacional sólida desde la SEMFyC. La española Verónica Casado, que fue elegida en 2018 como la mejor médica de familia del mundo, abrió camino y nos ha inspirado muchísimo.

El segundo es que aquí tenemos una especialidad muy bien estructurada. Los médicos y las médicas de familia reciben una formación muy completa, con un programa evaluable que está dando muy buenos resultados.

El tercero es que tenemos un buen modelo de atención primaria, en el que el médico de familia es el médico de las personas y de la comunidad, y toda la población, viva donde viva, tiene acceso a su médico de familia, cosa que no sucede en todos los países.

Yo soy el producto de todo esto, y represento a muchas médicas y médicos de familia que han estado trabajando de manera constante en el ámbito internacional.

¿Cuál es la situación de la medicina de familia y de la atención primaria en el mundo?

Hay mucha variabilidad. Hay países que están despegando con mucha fuerza, como China, que está aplicando criterios de territorialidad y definiendo la formación de los especialistas, siguiendo un modelo muy parecido al nuestro. Están invirtiendo mucho en tecnología en atención primaria y apostando por la salud digital. Tienen un reto mayúsculo para atender una población muy grande, en un territorio inmenso, y lo están haciendo bien.

Después hay otros países con sistemas de atención primaria que están en una fase de transición, y aquí no hace falta irse muy lejos; solo hay que cruzar los Pirineos. En Francia, tradicionalmente la medicina de familia ha sido una profesión liberal, que se ejerce en consultorios privados. Esto ha provocado muchas desigualdades territoriales y ahora hay territorios sin médicos de familia. Las regiones sanitarias en Francia se están empezando a implicar y se está produciendo un proceso de transformación con la implicación de los ayuntamientos. En el resto de Europa, hay mucha variabilidad. Los países nórdicos tienen una larga tradición de equipos de atención primaria multidisciplinares, que funcionan muy bien, y en Europa del Este se están desplegando modelos de atención primaria en muchos países.

En África, la OMS da mucho apoyo a los países para abrir centros de atención primaria, y en Sudamérica WONCA tiene un acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud para trabajar directamente con los gobiernos en el despliegue de la atención primaria y la consolidación de la especialidad de medicina familiar y comunitaria en el continente.

También hay otras experiencias interesantes en el sur de Asia, por ejemplo, en India o en el Pacífico Este donde poco a poco se van implantando modelos de atención primaria con una estructura organizada en torno a los médicos de familia.

En general, se va avanzando en garantizar unos servicios mínimos de atención primaria a la población, que cada vez necesita una mayor atención, considerando el papel de la medicina familiar y comunitaria.

¿Cuáles son estos servicios mínimos que debe ofrecer la atención primaria?

Las enfermedades crónicas están creciendo en todo el mundo, y no solo en los países desarrollados. La obesidad, la hipertensión, la diabetes y todas las complicaciones que se derivan de estas enfermedades, como los accidentes cerebrovasculares o las amputaciones están aumentando de manera alarmante en países de ingresos medios y bajos. Es una ola que cada vez va a ser más grande y, si no ponemos medios para afrontarla, nos va a superar. Por eso es tan relevante desplegar una atención fuerte, que haga prevención y promoción de la salud, que siga a los pacientes crónicos y que reduzca las complicaciones que puedan tener para aumentar la calidad de vida de las personas e impida pérdidas evitables.

Uno de los problemas que tiene la atención primaria, tanto en nuestro país como globalmente, es la falta de financiación. Hace unos cuantos años, la SEMFyC y la OMS reclamaban que el 25 % de la financiación sanitaria correspondiera al primer nivel asistencial. Actualmente, en España no se llega al 14 %. ¿Es factible alcanzar ese objetivo? ¿Tiene sentido fijar este porcentaje?

Yo creo que en vez de luchar por alcanzar un determinado porcentaje hay que luchar por invertir en proyectos. Resulta más fácil que los gestores sanitarios inviertan en un acelerador lineal que en un proyecto de atención primaria, que es más intangible y sus resultados se conseguirán a largo plazo. Aquí los profesionales de la atención primaria tenemos un reto; debemos ser capaces de demostrar la utilidad de los proyectos de reorganización de los servicios de atención primaria a la comunidad que planteamos.

En nuestro entorno más cercano, en Cataluña y España, ¿qué retos tiene la medicina de familia y la atención primaria?

Por un lado, tenemos un problema de envejecimiento, y no solo de la población –lo que conlleva más enfermedades crónicas y más complejidad en la atención–, sino de los profesionales. Estamos viviendo un proceso de relevo generacional que no parece que estemos gestionando de manera adecuada. Durante los próximos años va a aumentar el número de jubilaciones y no tenemos un recambio generacional.

También es importante mejorar la integración de los equipos, aumentando en enfoque multidisciplinario. Esto en Cataluña lo estáis haciendo bien. Habéis integrado bien la enfermería familiar y comunitaria en los equipos; hacen una buena gestión de la demanda y trabajan la prescripción derivada, que es un tema importante, porque compromete a todo en equipo en torno a las necesidades del paciente. En esto hay pocas comunidades autónomas que hayan avanzado tanto como Cataluña. También en la integración de otros profesionales, como los psicólogos y los fisioterapeutas. Luego también está el tema educativo, que los equipos de atención primaria colaboren con las escuelas y los institutos. En este sentido, el programa Salut i Escola está dando muy buenos resultados con profesionales de enfermería que abordan las necesidades de salud de la población escolar.

En Aragón, de donde soy yo, tenemos muy bien integrado el ámbito social, en Navarra se ha trabajado mucho el modelo enfermero, en Galicia y Madrid hay muy buenas experiencias en el ámbito de los sistemas de información, que permiten reflejar y coordinar muy bien el recorrido del paciente en el sistema… El hecho de que en España tengamos un modelo de atención primaria descentralizado nos permite tener muy buenas experiencias en diversas comunidades. Si sabemos aprovecharlas entre todos, podemos mejorar muchísimo.

Otro reto que tenemos es conseguir integrar a la ciudadanía en el proceso, hacerla corresponsable y promover su participación en lo que se refiere a su salud y al uso y mejora de los servicios de atención primaria a la comunidad.

¿Las universidades están dando una buena formación a los futuros especialistas en medicina de familia?

Este es el talón de Aquiles de la especialidad. Una de las líneas que nos planteamos es ubicar la medicina de familia en el centro del currículum formativo, que los estudiantes de medicina tuvieran contacto con este ámbito asistencial desde el principio de sus estudios. Ahora en muchas facultades de Medicina los estudiantes pasan por un centro de salud al menos una vez por semana. Eso, si lo hacen durante seis años, conseguirá que puedan ser capaces de tener una perspectiva global de la atención, de que puedan abordar diferentes problemas de salud y ver cómo influyen los determinantes sociales en la evolución de los pacientes, tener un enfoque comunitario de la atención.

Por otro lado, es importante facilitar a los especialistas en medicina familiar y comunitaria que puedan participar en la docencia. Es complicado que los médicos de familia puedan compaginar la actividad asistencial con la docencia y la investigación. Tenemos que desarrollar mecanismos que permitan flexibilizar la actividad, para que los profesionales que quieran puedan dedicar parte de su tiempo a enseñar e investigar. Además de ser positivo para la atención que ofrecemos a los pacientes, también lo es para reducir el riesgo de burnout entre los profesionales.

¿Considera que la especialidad de medicina familiar y comunitaria tiene prestigio dentro de la profesión?

Cada vez más. La clave es la confianza, y yo detecto que el resto de especialistas cada vez confía más en nosotros. Por ejemplo, hoy he visitado a un paciente que había ido a urología para una revisión de un cáncer de próstata después de hacer radioterapia y que le ha dicho al urólogo que tenía un dolor púbico. Este médico le ha recomendado que buscara un buen médico de familia para que le orientara adecuadamente, porque ese dolor no parecía tener nada que ver con un problema urológico. El paciente ha venido, le hemos explorado y al final le hemos detectado una hernia inguinal. Le hemos indicado una ecografía y una visita a cirugía. Al final de la visita, el paciente me ha dicho “el urólogo tenía razón, doctora, tenía que venir al médico de familia”.

¿Cuál es la situación de la investigación en el ámbito de la atención primaria?

La situación es complicada, porque para la mayoría de profesionales de atención primaria investigar es una actividad voluntaria y no retribuida. No puede ser que te pases ocho horas cada día pasando consulta y cuando acabas dediques tu tiempo libre a analizar datos, a generar evidencia sobre el impacto positivo de la atención primaria en la salud de la comunidad y a tratar de publicar esos resultados. Eso desgasta a cualquiera. Además, con todo el sentido, las nuevas generaciones priorizan la conciliación de la vida laboral con la personal, y ahí la investigación muchas veces no tiene cabida.

¿De qué manera se puede solucionar esta situación?

Liberando una parte del tiempo de los profesionales que tengan interés en investigar para que se dediquen a ello. En este sentido, las ayudas de intensificación del IDIAPJGol tienen este propósito y están dando muy buenos resultados. Permiten que los profesionales asistenciales puedan dedicar una parte de su horario laboral a investigar sin perder el contacto con la realidad asistencial.

¿Qué visión tiene del IDIAPJGol?

Su concepción fue una idea muy brillante, porque identificaba una necesidad dentro de los equipos de atención primaria, que era generar un entorno investigador, promocionar nuevas generaciones de investigadores que trabajen en resultados de salud, en relación con los cuidados en atención primaria. Y los resultados son muy positivos.

Creo que es importante crear entornos en los que hagamos una cierta discriminación positiva de la investigación en atención primaria. Si no, es muy difícil poder competir con la investigación que se está realizando en el ámbito de la cardiología, la oncología o de otras especialidades que tienen una estructura muy sólida, con una larga tradición, y que cuentan con revistas con un factor de impacto muy elevado.

También es fundamental incorporar diversos profesionales a los proyectos de investigación, más allá de los médicos de familia, y esto el IDIAPJGol lo está haciendo muy bien, porque integra a enfermeras, fisioterapeutas, trabajadores sociales… todo el equipo de atención primaria. Ahora el reto es cómo podemos incorporar los pacientes, a los ciudadanos, en los proyectos de investigación, para que puedan participar en los procesos de investigación. Esto resulta más fácil en la atención primaria que en el ámbito hospitalario. Aquí el IDIAPJGol tiene una gran oportunidad.

¿Qué funciones tiene el Comité Científico Externo del IDIAPJGol y qué actividades hace?

Las personas que formamos parte del Comité Científico Externo aportamos nuestra mirada, nuestras experiencias en otros entornos, en otros países, y esto resulta muy enriquecedor. También actuamos como embajadores del IDIAPJGol y le ayudamos a establecer alianzas con otras instituciones.

A parte, participamos en la evaluación de las ayudas y de las acreditaciones, y en aquellas tareas que nos encarga la dirección del centro.

Hace pocas semanas se celebró el segundo retreat de grupos del IDIAPJGol, que este año se ha centrado fundamentalmente en el relevo generacional. ¿Cómo cree que se debe afrontar este reto?

Desde luego, afrontando el tema e involucrando más a los residentes. Creo que un elemento importante es vincularnos con el nuevo programa de la especialidad que se lanzó en agosto, que promueve a que todos los residentes hagan un proyecto de investigación al final de la residencia. Esto va a ser un buen enganche para incorporar nuevas generaciones. Es evidente que los resultados no los veremos hasta dentro de unos cuantos años.

En nuestro país, cuando un médico escoge la especialidad y empieza a trabajar en un centro sanitario se desvincula de la universidad y muy a menudo también se desvincula de la investigación. Hasta ahora no hemos sabido cómo volver a conectarlos. La clave está en que no se pierda la conexión con la universidad ni con el centro de investigación, que haya más médicos que hagan el doctorado, sobre todo especialistas en medicina familiar y comunitaria, que acaben un proyecto de investigación, porque de este modo ya están dentro de la rueda; pueden entrar en un grupo de investigación, optar a becas… seguir investigando.

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