
Las inequidades menstruales se asocian con efectos sobre la salud física, emocional y mental de las mujeres y personas que menstrúan. Así lo corrobora un estudio de revisión elaborado por investigadoras del Instituto de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol (IDIAPJGol), en colaboración con la Red de Investigación en Cronicidad, Atención Primaria y Prevención y Promoción de la Salud (RICAPPS).
La revisión, publicada en la revista Reproductive Health, analiza las evidencias científicas publicadas entre 1990 y 2023 sobre esta cuestión y confirma que la menstruación, lejos de ser un hecho biológico neutro, está influenciada por desigualdades estructurales con impactos claros en la salud.
Según la investigadora principal del estudio, Laura Medina Perucha, que forma parte del IDIAPJGol y de la red RICAPPS, “los hallazgos muestran una relación consistente entre la inequidad menstrual y los problemas de salud física y mental”.
Medina Perucha añade que “la inequidad menstrual no es un problema marginal ni limitado a prácticas individuales de cuidado, sino un determinante social de la salud con consecuencias claras y medibles”.
El estudio señala que el impacto más amplio y consistente se da en el ámbito de la salud emocional y mental. En este sentido, la pobreza menstrual se asocia con más de probabilidades de mala salud mental en mujeres jóvenes y adultas.
Además, la revisión destaca que las mujeres que experimentan pobreza menstrual presentan más probabilidad de sufrir depresión, ansiedad y estrés.
Los estudios que se han incluido en la revisión también destacan que existe una fuerte asociación entre la inequidad menstrual y la aparición de sentimientos de miedo, culpa o humillación. Igualmente, las investigadoras han observado que estos efectos se relacionan especialmente con el estigma y el tabú menstrual –tanto en el entorno familiar como en el escolar, laboral y comunitario–, con la falta de educación menstrual adecuada –que genera miedo, confusión y
desinformación– y con experiencias negativas con el sistema sanitario, como la minimización del dolor o el retraso diagnóstico.
Así pues, el estigma aparece como un factor clave que no solo afecta al bienestar emocional, sino que refuerza otras inequidades, lo cual limita el acceso a recursos, información y atención sanitaria.
La pérdida de ingresos multiplica el impacto de la pobreza menstrual. Las mujeres con dificultades económicas tienen más de probabilidades de no poder permitirse productos menstruales. Igualmente, el estrés asociado a la compra de productos menstruales es más frecuente en contextos de vulnerabilidad económica.
Finalmente, hay que destacar que un menor nivel educativo se asocia con más de probabilidades de sufrir estrés cuando se intenta acceder a productos menstruales.
Cambiar los productos menstruales solo una vez al día se asocia con infecciones del tracto reproductivo. Por otro lado, el uso de telas reutilizables como alternativa a productos menstruales adecuados se relaciona con infecciones provocadas por hongos, y no utilizar compresas higiénicas aumenta el riesgo de flujo vaginal anormal.
En definitiva, el estudio asocia la falta de productos menstruales adecuados con un aumento significativo del riesgo de infecciones del tracto reproductivo, incluso tras ajustar por factores sociodemográficos.
Por todo ello, para las autoras del estudio, “es necesario ampliar la mirada en investigación y políticas públicas, incorporando la menstruación como una cuestión de equidad, derechos y salud pública”. La evidencia cuantitativa y cualitativa incluida en la revisión demuestra que la inequidad menstrual aumenta de forma significativa el riesgo de depresión, ansiedad y estrés.
García-Egea A, Pujolar-Díaz G, Hüttel AB, Holst AS, Jacques-Aviñó C, Medina-Perucha L. Mapping the health outcomes of menstrual inequity: a comprehensive scoping review. Reprod Health. 2025 Sep 2;22(1):156 doi: 10.1186/s12978-025-02103-0. PMID: 40898260; PMCID: PMC12406439.