
Un estudio llevado a cabo entre España y varios países de América Latina concluye que las restricciones implementadas por la pandemia de la COVID-19 afectaron de manera desigual a la salud mental y a la salud autopercibida entre y dentro de los países. El impacto del confinamiento afectó especialmente a mujeres y jóvenes. Estos son algunos de los primeros resultados del estudio “Desigualdades sociales en salud mental y salud autopercibida en la primera ola de confinamiento por COVID-19 en América Latina y España: resultados de un estudio observacional en línea” (Social Inequalities in Mental Health and Self-Perceived Health in the First Wave of COVID-19 Lockdown in Latin America and Spain: Results of an Online Observational Study).
El estudio ha sido liderado por Constanza Jacques Aviñó, quien, junto con Tomàs López-Jimenez, Laura Medina-Perucha y Anna Berenguera, del Instituto Universitario para la Investigación en Atención Primaria de Salud Jordi Gol i Gurina (IDIAPJGol), lleva desde el inicio de la crisis de la COVID-19 estudiando su impacto social. Este proyecto ha contado también con los centros de investigación: FIOCRUZ de Brasil, la Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende de la Universidad de Chile, el Instituto de Salud Pública de la Universidad Católica del Ecuador, el Instituto Nacional de Salud Pública de México y la Escuela de Salud Pública de México, y la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
Se trata de un estudio descriptivo transversal mediante una encuesta en línea a personas de 18 años o más, residentes en Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú y España. La población de este amplio estudio ha sido de 39.006 personas. La recogida de datos se realizó en 2020 durante la primera ola entre junio y agosto (Brasil), mayo y agosto (Chile y México), julio y octubre (Ecuador), julio y septiembre (Perú) y abril y mayo (España). El cuestionario fue diseñado por un equipo de investigación multidisciplinar en España y adaptado al contexto específico de cada país.
El estudio se centró en analizar la salud mental (ansiedad y depresión) y la salud autopercibida (SPH), es decir, la percepción subjetiva que tiene la persona sobre su estado de salud general en los últimos doce meses. La SPH, la ansiedad y la depresión fueron medidas y analizadas junto con diferentes variables sociales. Algunos de los resultados más destacables son:
Nuestros resultados sugieren que los determinantes sociales se relacionan con una mayor prevalencia y problemas de salud mental, sobre todo en las mujeres, debido a factores como haber estado desempleadas antes de la pandemia, el empeoramiento de sus condiciones laborales, la percepción de vivir en una vivienda inadecuada y una mayor carga de trabajo de cuidados no remunerados.
El equipo investigador plantea que los mejores resultados tanto en salud mental como en salud autopercibida de España se deben a las políticas de bienestar social y a la menor duración del confinamiento domiciliario (en Chile, por ejemplo, las clases virtuales duraron más de 18 meses), en comparación con los países de América Latina. Por ello, los y las investigadores del estudio señalan que es esencial consolidar los sistemas universales de protección social, incluyendo la seguridad social, la educación y la salud, además de adoptar un enfoque que incida en las condiciones sociales de vida, ya que estas provocaron un impacto desigual en la población durante la pandemia de la COVID-19.
En este sentido, reclaman una visión que considere las inequidades sociales en salud dentro del marco de un modelo de salud planetaria, que aborde los determinantes sistémicos de la salud que generan enfermedad, desigualdad y degradación ambiental. Esto implica incluir diferentes actores y experiencias para comprender cualquier crisis sanitaria y social desde un punto de vista holístico. Tal como sugiere este estudio, hoy existe una necesidad urgente de promover estrategias de resiliencia comunitaria, con políticas e intervenciones que protejan la salud mental de la población teniendo en cuenta sus determinantes.